El enemigo silencioso de cualquier laptop es el calor. Con el paso del tiempo, el polvo acumulado obstruye las rejillas de ventilación y las pastas térmicas originales se resecan, perdiendo su capacidad para enfriar el procesador y la tarjeta gráfica. Esto provoca lentitud, apagones repentinos y, a largo plazo, fallos graves en la placa base por estrés térmico.